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El Capitolio cubano.

El Capitolio cubano.

No  soy el único que lo piensa: La Habana sin el Capitolio no es La Habana. Es un distintivo de nuestra urbe, de su memoria y su unidad. Y lo digo no solo por lo arquitectónico, sino y sobre todo por la historia que está entre sus paredes y hasta en el subsuelo.

Hablemos primero de la edificación: el Capitolio colma un espacio total de 12 000 metros cuadrados y de ellos, 10 839  son de áreas techadas. Los jardines que lo envuelven tienen una extensión de 26 500 metros cuadrados.

Pare erigirlo se emplearon cinco millones de ladrillos, más de tres millones de pies cúbicos de madera, 150 000 barriles de cemento, 38 000 metros cúbicos de arena, 40 000 metros cúbicos de piedra picada y 25 000 metros cúbicos de piedra de cantería, así como 3 500 toneladas de acero estructural y 2 000 toneladas de cabillas. Su costo alcanzó la cifra de 17 millones de pesos.

Famosa es su cúpula, pues por su diámetro y altura, es la sexta a nivel mundial. La linterna que la corona está a 94 metros por encima del nivel de la calle; en su momento sólo era sobrepasada por la de San Pedro, en el Vaticano, y la de San Pablo, en Londres.

También adorna al Capitolio una escalinata realmente monumental que en su cima tiene dos conjuntos escultóricos, obras del famoso artista italiano Angelo Zanelli: uno de ellos inspirado en el Trabajo o en el progreso de la actividad humana; el otro, en la Virtud tutelar del pueblo. Zanelli, es el autor igualmente de la Estatua de la República, con un peso de 30 toneladas y una altura de 14,6 metros, que está ubicada en el formidable Salón de los Pasos Perdidos, debajo de la cúpula. En esta sala, como marcador empotrado en el piso, se halla un diamante (que se dice formó parte de una corona del último Zar ruso), indicando el kilómetro cero de la Carretera Central.

Salón de Los Pasos Perdidos

Salón de Los Pasos Perdidos

La edificación, ejecutada en apenas 3 años y 6 meses, está considerada como una obra casi perfecta de la ingeniería de inicios del siglo XX, clasifica además entre los seis palacios de mayor relevancia a nivel mundial, y para los especialistas es el segundo punto más alto de la capital cubana; se inauguró de manera solemne el 20 de mayo de 1929.

De su historia les refiero que en este terreno la Sociedad Económica de Amigos del País en 1817 fomentó un jardín botánico, que fue expropiado por las autoridades coloniales españolas en 1835 para construir la estación de trenes de Villanueva, medida que mucho disgustó a los habaneros de entonces, y que tuvieron que soportar hasta 1910, cuando el Estado cubano, se dice que de un modo fraudulento, cedió a los Ferrocarriles Unidos áreas del viejo Arsenal para que allí erigieran la nueva estación ferroviaria.

Los políticos en el poder concebían allí el Palacio Presidencial; la obra comienza, pero se detiene en 1913, pues cambia su proyección y se destina entonces para albergar al aparato legislativo; sufre constantes retrasos, demoras y paralizaciones por falta de presupuesto; 1926 marca la reanudación definitiva del inmueble.

En el Capitolio sesionó la Asamblea Constituyente que elaboró y promulgó la famosa Constitución de 1940.

A partir de 1959 el inmueble fue cedido inicialmente a la Academia de Ciencias de Cuba que destinó parte de los locales al Museo de Ciencias Naturales, y posteriormente albergó al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Actualmente el Capitolio de La Habana es un muy funcional Centro de Convenciones con servicios y facilidades para eventos, ferias y exposiciones.

Por todas estas razones que les he sintetizado, el Capitolio de La Habana es visita obligada para miles de turistas y nacionales, que son atraídos por su envergadura, historia y majestuosidad.