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Castillo El Morro

Castillo El Morro

Desde hace un siglo y medio, la farola del Morro habanero ha sido una guía segura para la navegación marítima en el área, y sobre todo para los buques que se aproximan a la rada. Pero se ha convertido además en un símbolo sine qua non de la capital cubana. No hay una sola guía turística de esta urbe en la que no aparezca su inhiesta y retadora imagen.

Los anales de la Historia nos refieren que fue uno de los principales baluartes del sistema defensivo de La Habana; ya desde mediados del siglo XVI la elevación servía como un inapreciable punto de observación, y a partir de 1563 en este montículo se edificó una torre para referencia lumínica de los galeones en tránsito.

Con posterioridad fue artillado con varios cañones, y a partir de 1589, dada su ubicación estratégica que le permitía defender la flota que se concentraba en principal puerto comercial español en el Nuevo Mundo, del ataque de piratas y corsarios, así como de buques de naciones beligerantes, comienza la construcción de una sólida fortaleza, que concluye en 1629, para darle una cierta tranquilidad a los reyes ibéricos.

Pero ese bienestar duró hasta que la Armada Inglesa hizo aparición en los alrededores de la amurallada ciudad en 1762. Las tropas y la artillería del británico Conde de Albermale, pese a la titánica resistencia de los defensores del Castillo de los Santos Tres Reyes Magos del Morro, lograron quebrar la fortificación.

Posteriormente, y dada la creciente importancia marítima del puerto habanero, en 1845 se dotó de un nuevo faro del Morro, mediante la llamada linterna de Fresnell, que producía destellos lumínico visibles a 40 millas de distancia, aunque la ciudadela seguía cumpliendo funciones bélicas. Un siglo después, en 1945 fue instalado el sistema eléctrico de alumbrado del Morro habanero.

Hoy día, el Castillo del Morro tiene aplicaciones muy distintas; sus salones funcionan como galerías de arte, mientras que otros espacios generan una intensa vida cultural y para la recreación. Cuenta además con dos restaurantes -- Los Doce Apóstoles y La Divina Pastora -- y un bar, donde otrora se asentaban baterías artilleras, con disposiciones perfectas para disfrutar de inolvidables visiones de la ciudad.

Cuando visite La Habana le recomiendo que examine y recorra con detenimiento esta fortificación-símbolo de la ciudad, para que se percate totalmente de su grandeza y su esplendor. Ella forma parte del área y de las edificaciones que fueron declaradas, muy justamente por la UNESCO como PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.


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