
Crucero en La Habana
Recientemente, un amigo sueco me pidió por correo electrónico que le hablara del auge que muestra la industria turística en Cuba. Mi respuesta puede ilustrar a otras muchas personas, por eso me decido a compartirla.
La mayor de las Antillas, desde el punto de vista de los recursos naturales, tiene lo mismo que otras naciones del área. ¿Qué nos distingue, en qué nos destacamos entonces? Lo primero que debo decir es que el turismo como actividad económica, tiene antecedentes en el país desde principios del pasado siglo XX.
No puede olvidarse que La Habana fue desde esa época uno de los destinos preferidos de los norteamericanos, sobre todo en los meses invernales. De hecho, la mayor parte de la planta hotelera habanera (que por supuesto ha sido remozada) tiene más de 60 años de explotación, pero ciertamente en el interior del país, en otros polos, la construcción de hoteles ha sido significativa en los últimos 15-20 años, y el mejor ejemplo puede ser la playa de Varadero.
El capital humano es uno de los factores diferenciadores; es muy natural que acá usted encuentre egresados universitarios, abogados, economistas, biólogos marinos, por sólo citar algunas profesiones, trabajando como barman, carpinteros o dependientes gastronómicos en cualquier hotel, y también en la red extrahotelera. Eso cuenta (y no poco) en el profesionalismo y calidad del servicio que percibe el visitante.
Considero que la seguridad y tranquilidad en cualquier punto de la geografía nacional es otro aspecto que los turistas aprecian, al establecer la comparación con otros países competidores de la región, y también del resto del mundo. Otro punto a favor es el respeto riguroso que observan los viajeros en una materia pendiente en otras zonas: la conservación del medio ambiente, y la extensión de una cultura ecológica. Algo que a mi juicio, también contribuye a este ascenso turístico, es que el visitante puede contar con buena capacidad de alojamiento no estatal, es decir privados, prácticamente en cualquier ciudad cubana, generalmente con buenas condiciones y precios económicos, así como con una red gastronómica de igual carácter, muy competitiva en calidad y precio, que deberá incrementarse en los próximos meses y años.
No puedo dejar de mencionar en mi alegato, los fuertes y exclusivos atractivos patrimoniales cubanos, los cuales han sido declarados por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad: la ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios (provincia de Sancti Spíritus), el Valle de Viñales (provincia de Pinar del Río), La Habana Vieja y su sistema de fortificaciones, los Cascos Históricos de las ciudades de Cienfuegos y Camagüey, el Parque Nacional Alejandro de Humboldt (entre las provincias de Guantánamo y Holguín), por solo citar algunos.
Por supuesto, hay factores externos que también tributan positivamente al crecimiento presente y perspectivo del turismo en Cuba, como disponer de nuevos y diversificados enlaces aéreos, la proliferación de los cruceros y las excepciones de viajes de norteamericanos autorizadas recientemente por la administración de Obama, son algunos de ellos.
Estos argumentos que acabo de enumerarles, tal vez no aparecen en las encuestas que aplican las entidades nacionales y foráneas vinculadas a la industria del entretenimiento, pero creo que en gran medida, responden la interrogante de mi amigo sueco, y tal vez la suya también, sobre el modesto pero, sostenido crecimiento de vacacionistas en Cuba. Cuba, que ya está entre los nueve principales destinos de América, y ocupa en el 2010 la séptima posición entre las mejores islas del mundo, según la revista británica especializada "Condé Nast Traveller UK", aunque acá no todo es color de rosas ni mucho menos, menos en un ámbito tan complejo y dinámico como es el turismo.





