
Cine Riviera
Los habaneros, quizás de forma errónea pero muy nuestra, desde principios del siglo pasado hemos preferido llamar las salas cinematográficas sencillamente como cines. Amantes del séptimo arte, en la Habana teníamos ya en el año 1959 más salas de exhibición cinematográfica que las urbes de Nueva York y París, por lo que la capital encabezaba el ranking mundial.
Es más, en 1957 la Habana era la SEGUNDA CIUDAD DEL MUNDO en tener cine en 3D y multipantallas, específicamente en la sala Radiocentro.
Los llamados "cines de barrio", relativamente más pequeños, proliferaban en la ciudad en aquel entonces, como hongos después de la lluvia. No pocos habaneros disfrutamos de un primer beso en la oscuridad de sus salas, o tosimos intensamente al inhalar por primera vez también, el humo de un cigarrillo, en iniciático ritual como fumadores.
También hacían las veces de centros culturales de las comunidades. Muchos daban cabida a otras representaciones artísticas en sus generalmente estrechos escenarios: obras teatrales, sainetes cómicos, presentaciones de magia e ilusionismo, solistas musicales, etc.
La programación fílmica era variada, concebida para todos los rangos etáreos e insertada en un amplio horario, sobre todo la que correspondía al fin de semana, los días preferidos para la concurrencia familiar, puesto que representaba una forma popular y económica de entretenimiento.
Noticieros, animaciones, documentales y largometrajes aparecían en las carteleras regularmente de cada cine. Según recoge la 19ª Edición Anual del "Anuario Cinematográfico y Radial Cubano"de 1959, en la Gran Habana contábamos con 134 cines y teatros, con un aforo para 134.306 personas, y una media de una sala por cada 7.500 habitantes, (y casi la mitad de ellos tenían más de mil butacas cada uno); también funcionaban tres autocines con capacidad para 1.866 automóviles.
El desarrollo tecnológico y la consecuente expansión y abaratamiento de los diversos sistemas de entretenimiento doméstico de los últimos años, han afectado muy severamente la proyección cinematográfica más convencional en todas partes del mundo, y Cuba no es una excepción, aunque en la isla las razones no son precisamente de este tipo.
¿Cuántos lugares quedan en La Habana que prestan función cinematográfica actualmente? Es difícil decir, dar una cifra. Algunos han trasmutado en salas de video, muy pocos en teatros. La mayor parte está en estado ruinoso por falta de atención, de mantenimiento, han perdido techos y lunetarios, y son absolutamente irrecuperables. Sobreviven, entre los considerados "grandes", los cines Acapulco, Payret, Cinecito (con programación infantil), La Rampa, Yara, Riviera, el multicine Infanta y la sede de la Cinemateca de Cuba, mientras que los de barrio prácticamente han desaparecido.
Pero los habaneros padecemos de fiebre fílmica, así seguimos viviendo e interactuando con los personajes del cine, viajando con ellos a otros mundos posibles, deshaciéndonos del estrecho círculo de circunstancias geográficas, ideológicas y políticas de la isla.





