
Monte Rouge
En un comentario anterior abordé la salud y vitalidad de la producción audiovisual independiente cubana.
Esta, a mi juicio ha estado determinada por dos factores básicos: el auge y la factibilidad creciente de la tecnología digital, por una parte, y la necesidad de demoler con los esquemas y coacciones de la industria, así como de burlar la censura oficial que tienen los realizadores del patio.
Esta conjunción les ha permitido adquirir esa libertad que tienen los artistas plásticos de sobrevivir, al menos espiritualmente. En Cuba, un número creciente de actores y técnicos asumen los proyectos a riesgo, incluso hasta en el papel de productores. Aportan su talento y trabajo, y si el resultado económico es bueno, ahí está la retribución; y si no sucede así, está y queda la obra.
Evidentemente ese es el esquema que sigue la Productora Sex Machine, que nos comienza a provocar desde su misma marca o logotipo, el siempre atrevido y alegórico libidinosamente número 69.
El alma y eje de este proyecto es Eduardo del Llano, que fue el guionista de un filme cubano que por su contenido, el directo y el metafórico, fue exhibido unos pocos días en las salas, a las que sólo se permitía el acceso de un público dirigido compuesto por militantes comunistas: les hablo de la mítica "Alicia en el pueblo de maravillas".
Del Llano, junto a Frank Delgado (el trovador más seguido por los jóvenes cubanos), y los actores Luis Alberto García y Néstor Jiménez, fueron los principales promotores y el núcleo de la primera realización: "Monte Rouge", que en apenas 14,44' plantea al espectador una realidad hipotética, desde el absurdo, que promueve una hilarante sátira del estricto dominio y la vigilancia que ejerce el siempre intimidante aparato de Seguridad del Estado sobre los cubanos, pero a la vez se convierte en la más alborotadora acusación hecha en Cuba sobre los métodos KGB asumidos por las instituciones represoras nacionales. Fue y sigue siendo aclamado, tanto en la Isla como en la comunidad cubana emigrada de Miami.
Al equipo inicial mencionado se han ido sumando otros histriones como el multipremiado Jorge Perugorría, Alberto Pujol, Adria Santana, Yuliet Cruz y Alexis Díaz de Villegas, para acercarse y denunciar zonas muy oscuras de la realidad nacional.
Por ejemplo, con Brainstorm cuestionan la rigidez y absurdidad del periodismo oficial cubano, en este caso concreto de la prensa escrita, aunque es aplicable al que se hace en los restantes medios, con lo que han provocado el airado malestar de los retratados, pero también las risas y a la vez las más serias consideraciones de miles de cubanos.
Siete son las obras que ya tiene en su haber la productora Sex Machine: Monte Rouge, High Tech, Photoshop, Homo sapiens, Intermezzo, Brainstorm y Pas de Quatre.
La obra de Eduardo Del Llano y las producciones de Sex Machine son tal vez el mejor ejemplo de ese cine cubano independiente que se hace cada día más ingobernable, porque tiene la vocación de mejorar la existencia de las personas.
Por eso denuncia problemas harto conocidos y férreamente silenciados por las autoridades, que en represalia mantienen a estos realizadores y a sus obras, alejados de los cines y la televisión, negándole adicionalmente cualquier apoyo institucional.
No obstante, este cine vigoroso circula, de flash memory en flash memory, como una luminosa revelación, como un venerado objeto de culto, y hace acto de presencia en las escasas computadoras de los cubanos o en otros equipos domésticos de reproducción digital para convocarnos a seguir develando las más oscuras zonas de la realidad social y política cubana, con una óptica crítica y también contestataria.





