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Escena de Habanastation
Coincidiendo con su estreno en cines de la capital cubana, ya Habanastation cosechaba su primer galardón en el Festival de Cine Traverse City, en Minnesota, Estados Unidos de Norteamérica.
El éxito del filme, entre todos los tipos de público (niños, jóvenes, adultos y ancianos) es indiscutible, las filas para acceder a las salas de exhibición no menguan, al punto que conozco personas que la han repetido varias veces.
A mi juicio, en este positivo resultado convergen varios factores: la cinta despierta variadas emociones, conmueve, hace reír, llorar —siempre respetando al público, a su inteligencia y sus convicciones—, y hasta provoca bailar en los minutos finales de proyección. En una entrevista reciente, Ian Padrón, su director, confesaba: “Sinceramente me conformo con llenar los cines y las salas de video, con emocionar al público que asista a verla. Mi premio mayor será sentirme como cuando era un niño y veía la obra de mi padre Juan Padrón, en los cines, y todo el mundo se la pasaba bien con sus películas. De él he heredado el respeto hacia el público y su rigor a la hora de contar una historia”.
Y evidentemente lo logró. Además, y esto es clave, el filme no descubre una sola realidad, una sola Cuba, sino las diversas verdades y las complejas Cubas que coexisten (y también se enfrentan) en este momento en la isla, ya no aislada, sino enquistada en la telaraña de un mundo globalizado, con la que los espectadores nos identificamos, con sus defectos y virtudes, dada nuestra misma singularidad.
Creo que el contenido central de "Habanastation" exalta la reciprocidad y descarta la anulación, la enemistad, la cruel exclusión, como un ideal para la vida real ¿Por qué no? Así podría ser entre cubanos de todas partes, dejando los desacuerdos y contradicciones atrás, en un sano e imprescindible proceso integrador, que es lo que la mayoría de nosotros sueña.
Sobre los elementos formales (actuaciones, fotografía, música, etc.), funcionan eficientemente, apoyando la transmisión del o los mensajes que en esta ocasión nos proyecta Ian Padrón, de forma armónica, sin estridencias. "Habanastation" gusta además porque es un filme sencillo pero muy bien realizado y mejor recibido, que entretiene pero hace pensar, pues toca fibras muy sensibles… nos deja un saldo optimista, positivo.
En fin, una obra cinematográfica que nos merecíamos los cubanos, y que todavía, seguramente, dará mucho que hablar. Si está de visita en La Habana, aún está a tiempo de comprobar en los cines de estreno las virtudes en "Habanastation".
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