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La Habana de noche. Eterna musa de poetas, pintores y músicos.

La Habana de noche. Eterna musa de poetas, pintores y músicos.

Aunque San Cristóbal de La Habana ya cumple 492 años, no declina, permanece joven, vital y enigmática, con su espléndido tránsito de aldea a gran ciudad. Huracanes, incendios y ataques no han podido reducirla, desafiante e invulnerable se yergue, histórica y culta.

Jamás llega a conocerse en su totalidad, todos los días te atrapa, te conmina a desnudarla, como insólita visión. Sus callejuelas misteriosas y sus avenidas formidables, te llevan a todas partes, pero también a ningún sitio. Anida admirables edificaciones, en estilos inimaginables, pero más bella es su gente, sus pobladores orgullosos, los que la alimentan y hacen crecer.

Musa permanente de poetas, pintores y músicos que no agotan, sus infinitas aristas, ni su cábala oculta. Una urbe rica, riquísima, pero nada ostentosa, más bien modesta, sencilla; quizás por eso, envidiada por similares de todo el orbe. Ostenta un ritmo y un tempo incomparable, propio, sosegado, que absorbe e incorpora a su armonía.

El Atlántico en su norte, le da color marino, perfume y sabor de algas, mientras la abanica con sus alisios perfectos y sutiles. Única metrópoli clonada, con interacción múltiple, cercana, directa, como los dos polos de un gran imán: La Habana y Miami.

Una ciudad que por todo ello y por mucho más, está en todas las ciudades donde exista un habanero.

La Habana que deslumbra, que enamora, que se queda en los que la conocen, en los que la viven, y sobre todo en los que la siguen viviendo, aún en lejanía.

Levanto mi copa, colmada de ron cubano, y brindo por el milagroso San Cristóbal, por mi Habana en su festividad, y por todos los habaneros en el mundo. Y lo hago pronunciando la misma profecía de un español, de un Capitán General, Francisco Dávila Orejón, que hace tres siglos y medio enunció: “No sólo conozco lo que eres, pero también lo mucho que intrínsecamente vales. Oh Havana, la menor de América. Ante tu formal grandeza célebre serás en la posteridad de los siglos".

¡Salud!


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