Lunes, 04 de Julio de 2011 16:40

Cubanos admirando a las mujeres en las calles habaneras. Foto cortesía de Cubadebate.
Creo que por la herencia andaluza nos viene a los cubanos, y a los habaneros en particular, eso de reconocer públicamente la belleza de una fémina, de halagarla, de transmitirle muchas cosas en pocas palabras, de aproximarnos a ella sencillamente con un piropo.
Es nuestro homenaje oral a la mujer hermosa, a la fantástica combinación de plenitud física y espiritual, aunque casi siempre nos motive el impacto de la primera condición.
Hago énfasis en los habaneros, porque esta popular expresión de admiración es más propia de los citadinos, donde casi nadie se conoce, y donde no es mal vista, siempre que no sea insolente, chapucera o de mal gusto. Lo cierto es que el piropo es algo intrínseco a nuestra idiosincrasia, a la picaresca suspicacia que nos define y caracteriza.
Los piropos generalmente son galanterías con segundas intenciones, pero también son palabras imaginativas que brotan del pecho desbordado; una forma de decir romántica, que denota perplejidad ante lo deslumbrante. Varía su entonación, énfasis, su métrica poética en algunos casos, y hasta su histrionismo en otros. Sirvan los siguientes como ejemplos:
“¿De qué juguetería te escapaste, muñeca?”
“¿Qué hace una estrella volando tan bajito?”
“¡Quién fuera bizco para verte dos veces!”
“Si besarte fuera pecado, me iría feliz para el infierno”
“Si eres casada, no te preocupes.... ¡No soy celoso!”
“Con un bombón como tú, no me importa ser diabético”
“¡Y luego dicen que los monumentos no andan!”
“¿Qué está pasando en el cielo, los ángeles se están cayendo?”
“Estás como la historia de Cuba, vieja pero interesante”
“¡Con tal de que me atienda, Doctora, soy capaz de ponerme hasta de parto!”
“Tu madre ha de ser pastelera, porque un bombón como tú no lo hace cualquiera”
“Si tus labios fuesen leche y los míos arroz...qué festín de arroz con leche nos daríamos tu y yo”
“Si cocinas como caminas, me como hasta la raspita”
No lo he podido comprobar, pero estoy casi seguro que esos habaneros que están hoy dispersos por tantas latitudes, tienen ocurrentes chispazos agudos cuando ven esa encantadora lugareña que se atraviesa en su camino. Quizás no le digan un piropo expreso, contundente como estos u otros, pero tengo la certeza que le mostrarán con un guiño, un ademán, o un semblante galán, su belleza, pues está demostrado que puede ser la mejor combinación para abrir la caja fuerte aparentemente más protegida y segura. Así somos los habaneros.





