Lunes, 13 de Junio de 2011 17:22

Torreón de San Lázaro
Cuando usted transita por la avenida del Malecón habanero, a la altura del torreón de San Lázaro, lo está haciendo por el punto donde el 10 de julio de 1555 desembarcó una partida de piratas franceses, emprendiendo el más devastador ataque contra la ciudad que se recuerde.
Si viven o están cerca de la región del Vedado, pueden acercarse fácilmente al lugar en el que se inicia este poco conocido suceso histórico.
El aventurero Jacques de Sores, que comandó a los asaltantes, había asolado previamente otras ciudades cubanas como Santiago de Cuba y Camagüey. Las crónicas de la época reconocen que La Habana apenas contaba entonces con una endeble fortaleza, equipada con poquísimas piezas artilleras, y que la tropa para defenderla estaba compuesta por 16 jinetes y 65 infantes. Y lo que es peor, un cobarde gobernador, Gonzalo Pérez de Angulo, que huyó cuando supo de la penetración en tierra de los agresores.
Si son curiosos pueden igualmente visitar las áreas aledañas, donde se encuentra el Castillo de la Real Fuerza y la Plaza de Armas, donde el valiente Regidor del Cabildo habanero, don Juan de Lobera, resistió con escasas fuerzas y medios las tres embestidas de los luteranos con de Sores al frente. Finalmente la rendición fue inevitable y de Sores perdonó sus vidas y el honor de las mujeres.
El huidizo y peor estratega Pérez de Angulo, con una variada jugada, quiso sorprender a los piratas, pero fracasó en este postrero esfuerzo de recuperación. Peor aún, el asaltante francés rechazó por insuficiente el dinero que quisieron pagar los pobladores para recuperar su villa, e incendió en represalia las rústicas viviendas, al igual que las embarcaciones; linchó negros esclavos y ultrajó las imágenes religiosas católicas. En pocas palabras, dejó La Habana en ruinas, ocupándola durante 27 años apenas recogidos en la historia nacional.





