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Bailando Salsa

Bailando Salsa

La vida moderna tiene muchos incentivos, variadas y accesibles posibilidades de esparcimiento, múltiples formas de ocupar el llamado
tiempo libre. Practicar deportes, leer, asistir a museos, teatros, galerías de arte, cines, playas, y otras muchas opciones tienen los cubanos, de expansionarse en la actualidad, eso si,  no exentas de un mayor o menor grado de dificultad para su disfrute.

No sé si será el fruto de las culturas e identidades que confluyen en lo que hoy es el cubano, y me refiero a las raíces españolas y africanas, fundamentalmente, pero lo cierto es que los nacidos en esta isla tienen un auténtico amor por el baile. La mayoría como bailadores, como practicantes, y otros como espectadores que disfrutan de la riqueza expresiva (y explosiva también) que tiene el baile.

Para que se haga una idea, en el caso de esta ciudad, por una serie de crónicas de José María de la Torre, conocemos que ya en 1598 se bailaba en una villa que comenzaba a erigirse, los que eran amenizados por cuatro muy cotizados músicos, que no eran nacidos en la Isla.

Soy de los que piensa que esta pasión no hubiera progresado sin el desarrollo autóctono de un quehacer musical que reflejara su identidad e idiosincrasia.

Por ello no es obra de la casualidad que el primer ritmo latinoamericano naciera precisamente en Cuba: la habanera.
Tampoco debe sorprender que Cuba sea el país del sub continente que más ritmos aportó al acervo musical mundial, y hablo del danzón, el bolero, el son, el mambo, el guaguancó y el chachachá, por citar algunos.

Por supuesto, "este abrazo con permiso", como llamaba mi abuelo al acto de bailar, tuvo ardientes defensores y feroces detractores, y le transcribo dos citas aparecidas en la prensa de finales del siglo XVIII: «! No permita Dios que des entrada a un establecimiento tan pernicioso! »; O esta nota alarmada que expresaba que en el baile entre hombres y mujeres se excita «el deleite que trae consigo esta unión, con exposición a graves daños».

En esos años había diariamente en La Habana más de cincuenta bailes, llamados de puertas abiertas, a los que no era necesario ser invitado para asistir.

En un libro de viajes, en 1847 el Vizconde D´Hespel D´Harponville, expresó: «El baile, de que gustan con pasión, es la ocupación favorita de la juventud. El año entero es un solo baile y la isla un solo salón. Cuando no se baila en las casas particulares o en los pueblos de temporadas, se baila en la propia casa de la familia, muchas veces sin piano ni violines y con sólo el compás de la voz de los bailadores».

Este tema da para mucho más, pues no hemos abordado la evolución del baile en el siglo XX y en el actual, sobre todo las formas y estilos bailables más modernos, que también han irradiado por el mundo, lo que haré en un próximo comentario, pues es un proceso digno de estudio y difusión, que sigue en constante progresión, y nos confirma eso de que "los hijos de esta Isla, a veces llevan un tambor en el centro del pecho, en vez de un corazón".

Creo que nadie mejor que Don Emilio Roig de Leuchsenring, el excelso investigador e historiador primigenio de La Habana para sentenciar que la pasión por el baile es "la nota sobresaliente del carácter y costumbres cubanos de todos los tiempos y de todas nuestras clases sociales", aunque lamentablemente no todas las autoridades en estos tiempos lo entiendan igual, pero ya hablaremos de ello próximamente.


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