Miércoles, 26 de Octubre de 2011 18:20
No hay cubano que no reconozca el maní, porque desde hace mucho tiempo ha sido complemento de su estilo alimenticio.
Es muy común caminar por las calles de La Habana y encontrar a vendedores de cucuruchos de maní, ese maní que es tostado de forma casera, con su punto de sal y que tanto gusta a jóvenes, viejos y niños, pues todos le hacemos culto. Podemos adquirirlo además en forma edulcorada, ya sea garapiñado, en turrón (molido), o simplemente en grano.
Tanto en paradas de ómnibus, en parques, hospitales, institutos escolares, cines, teatros e incluso en funerarias y cementerios, puedes encontrar un cubano que agradablemente te incita a comprar uno de esos populares cucuruchos o, recordando a la gran Rita Montaner, "cucurruchos" de maní, que han inspirado uno de los más grandes y versionados temas musicales que recoge el cancionero popular cubano: "El Manicero".
Todas las cafeterías de la ciudad no pueden prescindir de los apetecibles cacahuetes, pues podrá faltar alguno que otro producto, pero el maní procesado no.
Su fácil elaboración, su gusto familiar y exquisito nos convierte en apetentes cómplices de él, siendo a su vez una deliciosa compañía en los paseos cotidianos, donde son parte del paisaje los indispensables maniseros del malecón habanero, quienes en las mañanas nos dejan huellas de su preciada carga en el pavimento.
Un cubano puede prometer muchas cosas, pero no puede prometer dejar de consumir maní en cualquiera de sus variantes. Él es un amigo entrañable que no vamos nunca a desconocer, así que vamos a terminar refiriéndonos a la última frase de la canción "El Manisero", interpretada por el inolvidable "Bola de nieve", que con su contagiosa risa característica nos repetía: "Si te quieres por el pico divertir, cómprame un cucuruchito de maní ".
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