Martes, 19 de Julio de 2011 16:55

Pregonero en las calles habaneras
El potente grito de un vendedor callejero atravesó las paredes y ventanas de mi casa para despertarme un domingo reciente.
A las 7:30 de la mañana iba pregonando su mercancía, en este caso, cebollas y ajos… y me pregunté: ¿Esto es un pregón, un canto o un griterío? Recordé entonces ese agudo refrán cubano de intríngulis publicitaria: "Lo que no se anuncia no se vende".
Los pregones, desde los albores de la colonia, son parte sustancial del rico folklore cubano, son expresiones sintetizadas de la iniciativa popular, de nuestro caudal musical y lírico para promover mercancías o servicios. Tan así es, que han inspirado temas musicales de fama mundial como "El Frutero", de Lecuona, "Frutas del Caney", de Félix B. Cagnet, "El Botellero", de Gilberto Valdés, entre otros. Como dato curioso les cuento que Celia Cruz es la cantante que más pregones grabó.
Según dicen crónicas antiguas, los vendedores callejeros habaneros contaron, incluso, con su propia escuela de pregón, que funcionaba (obviamente) al aire libre en la desaparecida plaza de San Lázaro, donde practicaban y proyectaban sus estridentes o engoladas voces, lo que no siempre era del agrado del vecindario, que podía abuchearlos libremente también. Así era hasta finales de los 50s, puesto que la eliminación del comercio privado y de los vendedores ambulantes por parte del estado, trajo lamentablemente el destierro de los pregones.
Las recientes líneas económicas implantadas y la autorización del llamado "trabajo por cuenta propia" han traído un relativo renacer del pregón, pero en su mayoría no recuperan la picaresca jocosidad y musicalidad que siempre tuvieron. "¡Compre su pan aquí!", "se acabó el abuso, le traigo malanga, pepino, ajo, frijoles negros y colora´o", "¡llévatela por dos pesos!", o el engañoso "¡Compro oro viejo, compro oro viejo!" (como si este metal envejeciera y perdiera valor), son algunos ejemplos de estos nuevos pregones "postmodernos", nada que ver con los de antaño, como aquel característico que decía: "Vendo cariocas, dulces y sabrosas, para la boca".
Sin embargo, la situación de "ilegalidad" de muchos vendedores ha generado, aunque usted no lo crea, el surgimiento del pregón mudo, el comerciante que hasta sin un cartel de propaganda expone discretamente sus mercancías, y con su vista o con un gesto las ofrece, con la complicidad de clientes, inspectores y policías. Algo que comprueba la sentencia de un anciano filósofo popular con el que conversé sobre este tema: los pregones fueron y serán un monumento al trabajo y una clara aspiración de progreso.
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