Miércoles, 04 de Enero de 2012 10:00

Foto gentileza de todocoleccion.net
El costumbrismo y los ritos populares forman parte de la idiosincrasia del cubano, al igual que la música. El Cha Cha Chá fue creado en la década del 50 por el músico cubano Enrique Jorrín.
Este ritmo, que tiene sus raíces en el danzón, proviene del género musical danzario, vocal e instrumental, cuya base radica en introducción instrumental corta, parte expositiva coreada al unísono, e incorporación del montuno (puede ser instrumental o con la utilización de estribillos a la manera de los sones).
Su contenido recoge vivencias o experiencias basadas en textos narrativos, populares, de la vida cotidiana, generalmente jocosos o con cierta carga de humor criollo. También tiene algo de como crítica social.
Temas antológicos como: La engañadora, Sabrosona, Los tamalitos de Olga y El túnel, dan fe de ello. El maestro Jorrín con su orquesta, paseó este fenómeno musical por el mundo entero y otras agrupaciones como la Aragón, lo cultivaron con gran éxito. Los compositores Rafael Lay y Richard Egües se sumaron al mismo, dejándonos textos que enriquecieron el aval de este preciado baile.
También cantantes de música popular adoptaron en su repertorio temas de este sabroso género, entre ellos se encuentran: Elena Burke, Tito Gómez, Annia Linares y Farah María, quien popularizó el conocido tema Tiburón en el malecón, el cual fue un rotundo éxito radial.
El Cha Cha Chá se baila en las escuelas de danza, para que las futuras
generaciones conozcan y preserven como un tesoro este símbolo de cubanía, que nos distingue en el exterior. En los grandes salones del orbe, muchos bailadores continúan disfrutando el Cha Cha Chá, que es orgullo para todos los cubanos, por su autenticidad, presencia perdurable, cadencia musical y ejemplo de identidad cubana.





