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Tony Ávila

Tony Ávila

La primera vez que escuché a Tony Ávila debo confesar que me recordó al desaparecido Faustino Oramas “El Guayabero”, pero también a Ñico Saquito y su picaresca, y al ingenioso Pedro Luis Ferrer.

En alguna medida percibí una vinculante continuidad, sobre todo por ese sabroso y cubanísimo doble sentido expreso en sus temas. Pero cuando los textos de este joven trovador se fueron sedimentando en mi conciencia comprobé que Tony Ávila iba bastante más allá, por su contenido, agudeza y sencillez.

Después encontré más revelaciones: este habanero de nacimiento, pero matancero por adopción, es graduado universitario en Filosofía, así que está mejor dotado de herramientas que otros trovadores, y eso le permite, según sus propias palabras, "decir lo que pienso, extraer lo positivo y lo negativo de la conciencia crítica de la sociedad".

Tony aborda con sátira crítica el prejuicioso racismo, la carencia de productos, las inexplicables trabas migratorias, las desigualdades económicas y sociales, para provocar la reflexión que trae una buena sonrisa espontánea, porque según ha confesado, su obra está "muy pegada al piso, sin que se arrastre, claro".

Sus canciones (con títulos más que sugerentes) como "Científicamente negro", "Sin técnica no hay técnica" o "Cascarilla", son buenos ejemplos de lo que digo. Musicalmente hablando, estos temas fusionan la tradicional trova con la canción popular y la guaracha.

"La choza de Chacho y Chicha", su más reciente éxito, es un verdadero boom en programas televisivos y radiales, así como en la escala máxima de un popular espacio promocional de videos clips cubanos.

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