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Nuestro Orlando Cachaíto López. Foto cortesia de guardian.co.uk

Nuestro Orlando Cachaíto López. Foto cortesia de guardian.co.uk

Escuchando con deleite, una vez más, el mágico fonograma inicial y revelador de Buena Vista Social Club, me he inspirado para hablarles de un habanero de pura cepa, que ocupa un más que merecido sitial en el Olimpo Universal de los grandes músicos de todos los tiempos, me refiero al inmortal Orlando "Cachaíto" López.

Catalogado entre los mejores bajistas cubanos y del mundo, "Cachaíto'" fue un verdadero portento en el difícil desempeño de su instrumento, al lograr siempre en sus lúcidas ejecuciones, un excelente balance entre el jazz, la música popular y la clásica.

Nació en La Habana y se formó en una familia de músicos, por lo que desde temprano se inclinó totalmente por este arte. Desde pequeño transportaba el maletín con las partituras que su padre utilizaría en ensayos y presentaciones de la Orquesta Sinfónica, y también en la de Arcaño y sus Maravillas. Mostró una inclinación previa por el violín, pero la tradición familiar pudo más, por lo que abrazó primero el violonchelo, y finalmente su amado instrumento que lo acompañaría durante toda su vida: el contrabajo.

Su desarrollo profesional fue vertiginoso, y con apenas 17 años ya era el bajista de la popular agrupación de Arsenio Rodríguez, marcando la pauta base para toda la banda, y la referencia constante que tanto apreciaban los bailadores. También formó parte de la fabulosa orquesta "Riverside", y unos años después, en 1960, continuando los pasos de su padre, se convirtió en bajista de la Orquesta Sinfónica Nacional, mientras perfecciona su quehacer con las clases que le imparte el reconocido bajista checo Karel Kopriva.

Muchos centros nocturnos habaneros en las décadas del 60 y 70 le sirvieron de escenario, acompañando a César Portillo de la Luz en "El Gato Tuerto", o a Omara Portuondo en "El Pico Blanco", o grabando los discos del popular cuarteto "Los Zafiros". En ese entonces, junto a figuras de la talla del pianista Chucho Valdés y el saxofonista Paquito D'Rivera, "Cachaíto" integró el "Jazz Combo" de la Orquesta Sinfónica Nacional, e igualmente formó parte de "Orquesta Cubana de Música Moderna", agrupación que estremeció y revolucionó en los años 60 el panorama musical cubano.

Con su talento y profesionalidad se sumó al primer proyecto de "Afro Cuban All Stars", grabó los discos del inmortal pianista Rubén González, y se incorporó al staff del ya legendario "Buena Vista Social Club", como figura esencial en estas grabaciones del World Circuit (al punto que fue el único músico que participó en las interpretaciones de los 14 temas del disco). En los últimos años de su vida grabó un disco con la complicidad del percusionista Miguel Angá Díaz, con el que lograron un producto sumamente personal y único, con nuevos sonidos e instrumentaciones, tanto que los críticos especializados del periódico "The Times" lo catalogaron como "el lanzamiento cubano más apasionante desde la aparición de Buena Vista".

Cachaíto desarrolló magistralmente un peculiar estilo cubano de tocar el bajo —con tonos altos, precisos y poderosos—, combinado con extraordinarias habilidades para los cambios tonales y rítmicos, al que agregaba el talento para interpretar imaginativos solos, demostrando su descomunal swing y groove.

Al saber del fallecimiento de Orlando "Cachaíto" López, su amigo el timbalero Amadito Valdés, sentenció: "Es una pérdida irremplazable para la música cubana, él era el último miembro de la Dinastía del bajo."

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