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Matías Pérez emprendiendo vuelo en su Globo Aerostático

Matías Pérez emprendiendo vuelo en su Globo Aerostático

Los habaneros de mediados del siglo XIX, mostraban gran pasión por los vuelos aerostáticos. Esta fiebre fue promovida en la ciudad por los ascensos de varios aeronautas franceses, a partir de 1828, inspirando a Domingo Blinó, hojalatero de oficio, que haciendo alarde de sus habilidades fabricó su propio globo. El 30 de mayo de 1831, este valiente alzó vuelo en una tarde tempestuosa, y cuando ya se encontraba en alturas liberó palomas, y dejó caer flores, versos y hasta dos cuadrúpedos asegurados con un paracaídas.

Blinó protagoniza así no sólo el primer viaje aéreo emprendido por un nacional, sino también el más significativo realizado en la Isla hasta ese momento.

El 12 de junio de 1856, los capitalinos se congregan para presenciar la ascensión de un portugués, aclimatado y con familia en La Habana, que era conocido como el "rey de los toldos": Matías Pérez.

Al igual que Blinó, Matías Pérez construyó su propio artilugio, bautizado como Villa de París, y concebido, según sus propias palabras: ”para un importante vuelo”. Los privilegiados que pudieron ver la nave en su fase inicial, entusiasmados afirmaban “que en ella, se realizaría el vuelo más trascendental de la historia de la aerostática en el mundo”.

Con este proceder Matías Pérez demostraba su auténtico amor, volar globos aerostáticos. No se trataba de un improvisado ni de un fanático ignorante, pues fue un vehemente lector de libros sobre premisas aeronáuticas, entre ellos la obra del gigante Leonardo da Vinci y otros textos imprescindibles para este tipo de empresa aérea, como es el “Principio del Túnel del viento”.

Su primera travesía aérea fue notoria y concluyó al sur de la capital, en el área del Husillo, sin mayores incidentes. El éxito posiblemente embriagó a este luso-cubano, y dieciséis días después, el 28 de junio, nuestro héroe emprendió otro ascenso y nunca más volvió. Como decía un cronista muy cubano: "Eso se llama subir y lo demás son cuentos".

Muchos fueron los esfuerzos realizados por encontrarlo, todos dolorosamente inútiles, sin embargo, Matías Pérez fue tan sobresaliente que todavía se espera por él.

Desde entonces, la desaparición del temerario aeronauta generó una frase muy popular, vigente hasta la actualidad: cuando alguien se esfuma, evapora, desvanece o se marcha, siempre hacemos el paralelismo verbal, la analogía respetuosa con el mito de aquel navegante aerostático, que no regresó, y decimos: “Voló como Matías Pérez” frase que usted posiblemente pudiera escuchar si visita esta Isla o su capital.


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