Jueves, 22 de Septiembre de 2011 14:38

Diego Grillo, un pirata habanero
El cine y la literatura han reanimado recientemente el tema de la piratería, ahí está la serie de películas "Piratas del Caribe" con sus historias y leyendas como ejemplo. Esto me trae a la mente un asunto poco difundido de la historia de Cuba: me refiero al Capitán Diego Grillo.
Nació en 1556 en la Villa de San Cristóbal de La Habana, y fue un pirata que asoló puertos y mares del Caribe y de su propia tierra, conocido por Dieguillo, Diego Martín y hasta como el tristemente célebre pirata Lucifer.
Diego fue el fruto de los amores de un colonizador hispano y una hermosísima negra esclava, y vino al mundo en un momento de apogeo de la piratería. Sirvan de ejemplo el francés Jacques de Sores, los ingleses Sir Frances Drake y Henry Morgan, así como los holandeses Vaude Van Enrico, Perin Petre y Cornelius Jol, famoso por el sobrenombre de Pata de Palo.
Rebelde de espíritu, Diego Grillo con sólo 13 años, se enroló como grumete en una pequeña fragata española, en la que fue capturado y posteriormente reclutado por Francis Drake. Así inició su carrera como filibustero asaltando puertos en todo el continente americano en el periodo de 1577 a 1580. Sus correrías no están claras (kendal, esto significa que no se sabe exactamente todo lo que hizo en esta epoca) hasta que reaparece en 1603, ya convertido en el Capitán Diego Grillo. Establece alianzas operativas con el pirata holandés Cornelius Jols, alias Pata de Palo, para maniobrar en la zona.
Diego Grillo era apreciado por su gran valor personal, y pese a su vandálica ocupación, paradójicamente era un caballero tratando a las damas que tomaba prisioneras: se cita el cortés manejo y la protección que brindó a la bellísima doña Isabel de Caraveo, viuda del gobernador de Campeche.
Las circunstancias finales de su vida no están históricamente claras y versiones hay muchas, pero la más aceptada asegura que murió en Inglaterra en 1640, disfrutando de las riquezas que había usurpado a lo largo de su carrera. Aunque hay otra que plantea que el único pirata habanero que la historia reconoce como tal, vivió sus últimos días en la cayería norte de la actual provincia de Villa Clara, al centro del país.





