Jueves, 01 de Septiembre de 2011 15:32

Gregorio Fuentes
Tal vez este nombre no le sugiera nada, pero si le digo que se trata de un auténtico lobo marino, del Antonio de la novela “Islas en el golfo”, del fiel amigo y permanente compañero de aventuras de Ernest Hemingway, del capitán Grigorine, como lo llamaba el escritor norteamericano, seguramente ya tendrá una idea de quien le hablo.
Aunque Gregorio Fuentes nació en Lanzarote ⎯Islas Canarias, en 1897⎯ por sus méritos aparece muy justamente inscrito en la relación de los 100 cubanos más sobresalientes del siglo XX, tierra a la que arribara en 1907 y que jamás abandonó. Las sendas de Hemingway y Gregorio se cruzan por primera vez en el Golfo de México en 1931; el escritor, con su embarcación averiada, en circunstancias climáticas adversas, fue remolcado y rescatado por Gregorio, en un gesto muy marinero que los uniría para siempre. Años después se reencontrarían en un bar cafetín del poblado habanero de Casablanca, cuando el norteño aún escribía "Por quién doblan las campanas", y a partir de ese momento, hicieron travesías comunes. El mismo origen humilde, edades muy similares (Hemingway 1 año menor), la pasión por la aventura, son algunas de las razones comunes que unieron a estos dos hombres.Hemingway decía que Gregorio como patrón,era “el pilar del Pilar”, pues no sólo se encargaba de la navegación y cuidado del yate, también gestionaba la cocina y se responsabilizaba de un área clave: el “departamento etílico”.
Como gran pescador y personaje conocido, se realzan más las hazañas del escritor, pero éste reconoció que pudo lograrlas gracias a los conocimientos y habilidades de Gregorio, a cargo del timón y gobierno de la nave para vencer a las agujas y los casteros.
Juntos equiparon y armaron el "Pilar" (nombre de la embarcación), y durante dos años se consagraron a la búsqueda y cacería de los submarinos nazis, que agresivamente operaban en las cercanías de las costas cubanas durante el segundo gran conflicto bélico. El amor de Gregorio por el "Pilar" hacía que viviera y hasta durmiera en el barco, en la ensenada de Cojímar, cuidándolo con mimo y esmero. Tanto estimaba y quería "Papa Hemingway" a Gregorio Fuentes, que en su testamento le legó el yate, reconociendo que ese patrimonio afectivo nadie podría cuidarlo y protegerlo como él. Gracias a Gregorio hoy el histórico navío reposa adecuadamente resguardado, en Finca Vigía, la que fuera hermosa propiedad habanera del Nobel norteamericano.
Gregorio Fuentes recibió muchas condecoraciones, pero entre ellas apreciaba especialmente una: la de Capitán, que le concedió la Asociación Internacional de Pesca Deportiva. Gregorio, el isleño doble, por canario y por cubano, dedicó su vida al mar, y gran parte de ella a Hemingway; ambos compartieron un amor singular por el Gran Río Azul, por el pueblo de Cojímar, por Cuba y por los que nacimos en esta Isla del Golfo.





