Miércoles, 27 de Abril de 2011 17:45
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Don Tomás Estrada Palma, el primer Presidente de Cuba republicana
Este cubano no nació precisamente en los predios de esta amurallada ciudad, pero siendo muy joven, cursó parcialmente la carrera de Derecho en La Habana. Don Tomás Estrada Palma, el primer Presidente de Cuba republicana, ve la luz en la oriental ciudad de Bayamo el 19 de julio de 1835, y en esa región levantina desarrolla una gran parte de su vida personal, profesional y política.
Se une a los cubanos que el 10 de octubre de 1868 se rebelan contra el dominio español, ocupando varios cargos dentro de ese movimiento insurreccional, entre ellos el de Secretario de Relaciones Exteriores y el de Presidente de la República de Cuba en Armas. Capturado por las tropas españolas fue enviado como prisionero a España y luego de su liberación en 1878, radicó en París, Nueva York y Honduras. Posteriormente fijó su residencia en la mencionada urbe norteamericana, dedicándose al magisterio.
El patriota José Martí, en 1892 lo involucró en la preparación de lo que sería el alzamiento independentista de 1895, siendo su labor considerada como ejemplar sobre todo en el manejo de los fondos de la causa revolucionaria. Martí designa que a su muerte, el cargo de Delegado, el máximo en jerarquía dentro del Partido Revolucionario Cubano, fuera ocupado por Don Tomás. Concluida la contienda contra la Corona ibérica, dos generales, uno dominicano y otro norteamericano, Máximo Gómez y Leonardo Word, así como una coalición de partidos políticos, interceden para que Estrada Palma acepte ser prácticamente el único candidato al cargo de Presidente de la República que se inauguraría el 20 de mayo de 1902. En ese momento no pocos contemporáneos tildaban de anexionista a DonTomás, por sus claras inclinaciones de simpatía hacia la nación norteña.
Desde su toma de posición mostró un significativo favoritismo con íntimos amigos y sobresalientes figuras del mundo de los negocios, excluyó de sus decisiones al aparato legislativo, se rodeó de consejeros que disminuyeron su gestión de gobierno, aunque nadie niega sus éxitos en los ámbitos económicos, políticos y sociales. Pero en la opinión pública pesaron más sus desaciertos y errores, lo que provocó el estallido de una ola de violencia que se manifestó sobre todo en la conocida “Revolución de Agosto de 1905” y en los pronunciamientos armados de importantes figuras políticas y militares.
El Presidente Estrada Palma, incapaz de controlar la situación provocada por él mismo, y considerando—en un acto que desdice mucho de su aparente cubanía—que las discordias entre los cubanos eran infranqueables, solicitó una segunda intervención militar de los Estados Unidos a la Isla.
Una vez fuera del cargo, Estrada Palma se instala primero en la provincia de Matanzas, y posteriormente en una finca de su propiedad en la provincia de Oriente. Prácticamente en el anonimato, con muy limitados recursos económicos, desconocido o repudiado por sus compatriotas, vegetó en ese sitio durante dos años. Estando gravemente enfermo, fue trasladado a la ciudad de Santiago de Cuba, en la que falleció el día 4 de noviembre de 1908, lugar donde reposan los restos de esta, sin duda controversial personalidad, que sin ser habanero de nacimiento, tal vez debiera serlo de oficio por su rango estatal.





