Martes, 25 de Mayo de 2010 03:57

Patio interior del Hotel Conde Villanueva
Siendo Cuba una colonia del reino de España, uno de los cargos con más poder e importancia en la Isla era el de Intendente.
Un criollo, alguien nacido en La Habana, ocupó y desempeñó brillantemente ese puesto: me refiero a Claudio Martínez de Pinillos y Cevallos, segundo conde de Villanueva.
Relevó como Intendente en 1825 al ilustre patricio Francisco de Arango y Parreño. Su administración fue sabia, y sus disposiciones contribuyeron a mejorar la economía de Cuba de forma ostensible.
Le doy dos datos ilustrativos: consiguió elevar la recaudación de dos millones de pesos a treinta y siete, en el año 1837; y la exportación de tabacos en rama que en 1829 era de setenta mil arrobas, ascendió en 1835 a seiscientas dieciseis mil.
Fue el principal promotor del ferrocarril en Cuba; preocupado por el papel de la educación en la sociedad, mejoró las escuelas, creó el
Jardín Botánico, fundó Anales de ciencias, literatura y comercio, el anfiteatro de anatomía, el curso de clínica, la escuela náutica, el
laboratorio de química, así como otros muchos establecimientos de utilidad pública. Además construyó el acueducto de Fernando VII, para abastecer con las aguas de Vento nuestra ciudad.
Fue también Martínez de Pinillos, un mecenas, directo o indirecto de las artes. Así, por ejemplo tuvo mucho que ver con el célebre teatro
Villanueva, que fuera fue construido en 1846 por don Miguel Nin y Pons, pero éste era un protegido del ya famoso Conde de Villanueva,
lugar que terminó por ser la plaza cultural más importante de La Habana, con un peso inolvidable en nuestra historia, y que era descrito por un historiador de la época como “… un teatro amplio, pero sencillo, con una sala interior distribuida en dos órdenes de palcos
abalconados, anfiteatro y filas de lunetas”.
Su dinamismo y seriedad llevaron al criollo Conde de Villanueva a desempeñar múltiples responsabilidades simultáneas como los cargos de presidente del Tribunal Mayor de Cuentas, del Montepío de Ministros y oficinas de las de Diezmos, y de la Almoneda, juez privativo de Arribadas, superintendente del ramo de Cruzada, jefe superior de la Renta de Lotería y gentilhombre de cámara de Su Majestad. Por sus méritos extraordinarios, fue investido como Caballero de las órdenes de San Fernando, Isabel la Católica, de Carlos III y de Calatrava y maestrante de Ronda.
Desde 1845 le fue conferida la Grandeza de España, anexa al condado de Villanueva, y en 1852, también los reyes el conceden el título de vizconde de Valvanera, para que lo llevaran siempre los primogénitos de los condes de Villanueva.
Falleció el habanero Claudio Martínez de Pinillos y Cevallos, conde Villanueva en Madrid en 1853, y en su memoria se publicó lo siguiente:
"No vive ya entre nosotros, pero vienen esos monumentos indestructibles de su glorioso saber, que hablan por él a las naciones civilizadas y que hablarán por él al mundo".
Y así lo recordamos los habaneros, que aún siglos después, apreciamos su dedicación y los resultados de su gestión administrativa en esta ciudad que tanto amó y consideró.
En la casa de la Calle Mercaderes No. 202, esquina a Lamparilla, vivió esta personalidad, y en ese inmueble que Usted puede visitar hoy
radica el Hotel del Habano, Conde de Villanueva.





