
Christ of Havana, the larget statue in the world made by a female sculptor.
Comienzo esta crónica del Cristo de La Habana con una cita bíblica, pues Jesús está presente en Cuba y en los cubanos.
Pero el hecho al que nos referiremos no es casual, o exclusivo de los que nacimos en esta isla.
Ya los hombres primitivos, en cualquier rincón del planeta, contaban con representaciones de los dioses, quehacer que han mantenido a lo largo de toda la Historia, creando imágenes y estructuras que son verdaderas bellezas, por su diseño y por sus dimensiones.
La monumental imagen del Cristo de La Habana, de más de 20 metros de altura, se erige con la intención de reflejar la religiosidad del pueblo cubano, y como muestra fehaciente de sus raíces nacionales. El proyecto fue asumido con financiamiento gubernamental de conjunto con la Arquidiócesis de la Habana a partir de 1956, previo un concurso que fue ganado por la escultora Gilma Madera, quien presentó un boceto sobre la figura de Cristo, al que concebía como “hombre y líder de su tiempo”.
El Cristo de La Habana quedó ubicado sobre una elevación estratégica, que bordea la rada, aledaña a la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña y al poblado costero de Casablanca, y en esta próxima Navidad cumplirá precisamente 51 años.
Es la mayor estatua del mundo hecha por una mujer, con el fabuloso y eterno mármol blanco de Carrara; está integrada por 67 piezas diferentes, con un peso total de 320 toneladas.
El Cristo de La Habana rompe en muchos sentidos con los cánones o las dimensiones de otras piezas semejantes; el Cristo habanero no compite con el Cristo Rey, de Cali, Colombia, que con sus 41 metros de alto, es considerada la representación de Jesucristo más grande del mundo; tampoco tiene los brazos abiertos, como el muy famoso Cristo Redentor, de la montaña de Corcovado, en Río de Janeiro, instalado a 709 metros sobre el nivel del mar; ni la envergadura total del Cristo-Rei de Almada, Lisboa, Portugal.

The Christ of Havana
Tampoco la escultora utilizó un modelo como punto de partida, ni ninguna imagen de las tantas que existen de Cristo.
Su inspiración, fue lo que puede ser considerado como el arquetipo del encanto varonil en esta parte del mundo, con tanto componente de mestizaje, es decir labios carnosos, manos grandes y vigorosas. Además le dejó los sesgados ojos vacíos, con lo que logra la impresión de que nos mira a todos los que vamos a observarlo, aunque estemos en cualquier perspectiva.
La figura del Cristo de La Habana no es mítica, es terrenal, pues según Jilma Madera fue concebida “…para que lo recuerden, no para que lo adoren: es mármol.”
El Jesús de Nazaret habanero está de pie ante nosotros; su rostro es desafiante, pero sereno, colmado de vigor y firmeza, de seguridad en sus designios; una de sus manos casi reposa en el pecho y la otra en alto, asume casi una actitud de bendecir a la ciudad que se extiende por todo el horizonte.
Quienes visiten el Cristo de La Habana no solo podrán encantarse contemplando tan imponente y alegórica obra, también tendrán ante sus ojos excepcionales panoramas de la urbe, añeja y colonial en los planos más cercanos, actual y difusa en los posteriores.
Jesús vigila desde su pináculo habanero el quehacer y el destino de los hombres, cuidando de ellos, consagrando a sus moradores y a los que se encuentran de tránsito en la ciudad de La Habana.





