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La Catedral de La Habana. Foto de L. Calvo.

La Catedral de La Habana. Foto de L. Calvo.

Este asimétrico y monumental templo católico, la plaza frontal y los palacios y edificaciones que lo circundan, integran sin dudas, el complejo arquitectónico más armonioso (y fotografiado) de la capital cubana.

Es un lugar que no se debe dejar de visitar, sobre todo si quieren volver soñadoramente a pasadas centurias.

Consagrada a la Virgen María de la Concepción Inmaculada de La Habana, la catedral comenzó a erigirse en 1748 se concluyó en 1832; desde el punto de vista arquitectónico su fachada es barroca, pero su interior es de un claro estilo neoclásico. Cuenta con un par de campanarios en sus extremos laterales, tres naves, así como ocho capillas adyacentes, además de una característica bastante particular para este tipo de construcciones: la cúpula de la catedral tiene una altura inferior a la de los campanarios.

El embaldosado de mármol negro y blanco le confiere una singular sobriedad a la iglesia, mientras que las enormes piedras exteriores, de formación coralina, exhiben llamativas incrustaciones fósiles de fauna y flora oceánicas. El altar mayor está ricamente decorado con esculturas y fina orfebrería, además de tres frescos originales del artista plástico italiano Perovani. En las naves pueden apreciarse valiosos cuadros del pintor galo Jean-Baptiste Vermay, así como preciosas piezas, sagrarios y tumbas de ilustres personalidades que fueron relevantes para la ciudad y la nación.

En lo que hoy conocemos como Plaza de la Catedral, encontraron asiento construcciones señoriales para la nobleza colonial habanera, sobre todo para los que ostentaban títulos de la Corona de Castilla, entre las que destacan el Palacio del Marqués de Arcos, la mansión del Marqués de Aguas Claras, el Palacio de Lombillo y las residencias de los Condes de Casa Bayona y de los Condes de Peñalver, hoy casi todas convertidas en museos.

Así, esa área que en el siglo XVII fuera conocida como plazuela de la Ciénaga, por ser un insalubre desaguadero, se transformó entre los siglos XVIII y XIX en el entorno habanero más distinguido y aristocrático, deslumbrante por sus celebraciones y recepciones soberbias, por lo que llegó a rivalizar en preeminencia con la oficialista Plaza de Armas.

Detalles:
Calle Empedrado #158, entre Mercaderes y San Ignacio
Municipio Habana Vieja.


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