Lunes, 06 de Junio de 2011 17:44

La rueda del Parque Lenin
Hace unos días, una amiga cubana, residente en Toronto, me preguntaba con cierta nostalgia, vía correo electrónico, si el Parque Lenin se conservaba tal y como ella aún lo recuerda. Debo decir que su inquietud me ha inspirado a escribir sobre este fabuloso lugar que en los últimos años ha buscado recuperar lo que siempre fue: una prodigiosa opción para la relajación familiar y un lugar de culto a la ecología.
Deben ser muy escasos los habaneros, de cualquier edad, que no hayan visitado aunque sea una sola vez, este extraordinario parque ubicado al sur, en su perímetro exterior, en el territorio del municipio Arroyo Naranjo.
Un pequeño y pintoresco tren recorre constantemente sus límites, tiene un sector concebido para los más pequeños, dotada con todo tipo de aparatos de diversión—una gigantesca rueda, atractivos carruseles, endiablados carros locos, etc.—e infinidad de restaurantes (Las Ruinas, La Faralla, etc.), así como numerosas cafeterías y expendios de alimentos ligeros.
Frescas arboledas, extensos prados con un césped ben cuidado, un acuario con peces de agua dulce, un rodeo para los aficionados de los deportes hípicos y similares, superficies habilitadas con todas las condiciones para montar sabrosas parrilladas familiares, alquiler de caballos y ponis, áreas para la práctica del aeromodelismo y de otros deportes como el fútbol y el béisbol, además de un complejo de piscinas para el merecido refresco corporal, son algunas de las cosas que puede encontrar en este surtido lugar; como dice un viejo refrán cubano, en el Parque hay "de todo como en botica", por el infinito surtido que tenían las antiguas farmacias…
No debo dejar de mencionar el bello y extenso lago artificial—formado a partir de las aguas de una represa cercana—lugar de mucha confluencia (hasta de bañistas), pero que ahora francamente está deprimido por la intensa sequía que afecta el occidente del país, y que espero pueda rescatarse pronto con las añoradas lluvias.
Este lugar es un edén con un solo posible inconveniente: está relativamente lejos del centro la ciudad. Pero a los habaneros no nos importa eso, y acudimos por miles, sobre todo los sábados y domingos, ya sea en los ómnibus de transporte público, en vehículos privados, en motos, bicicletas o caminando, para así despejar, refrescar, y combatir el estrés. Sus 760 hectáreas nos acogen con su benéfica amplitud, tanta que jamás nos sentimos agobiados por la afluencia, más bien todo lo contrario.
Detalles:
Calle 100 y Cortina de la Presa, municipio Arroyo Naranjo, La Habana.





