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El Templete con su frondosa Ceiba. Foto de L.Calvo

El Templete con su frondosa Ceiba. Foto de L.Calvo

Los invito a visitar el punto exacto en el que un pequeño grupo de futuros vecinos, el 15 de noviembre de 1519, celebraron la primera misa católica y la reunión inaugural del Cabildo para la que luego sería la Villa de San Cristóbal de La Habana.

Por cierto, este nombre que en sí mismo encierra una extraña fusión: el del santo patrón (católico) y el de un cacique taíno que dominaba aquella zona costera.

El cónclave iniciativo se efectuó al pie de una frondosa ceiba, y lo encabezó el entonces Teniente Gobernador de la isla, Diego Velázquez de Cuéllar. Esos mismos colonizadores habían peregrinado durante  cuatro años por otros puntos de la geografía occidental hasta encontrar este paraje, en el puerto de Carenas, en el que finalmente se asentaron.

No es hasta mediado el siglo XVIII que se erige este conjunto arquitectónico conmemorativo que hoy podemos apreciar (concluido en 1828), y que forma parte de la céntrica Plaza de Armas. Los especialistas consideran que es la obra que mayor influencia tiene en el posterior desarrollo de la arquitectura cubana, y en la evolución del llamado “barroco cubano”, moviéndose hacia aquellas tendencias vinculadas al neoclasicismo. En su interior se conservan tres grandes pinturas del pintor francés Jean Baptiste Vermay, así como la tarja que reconoce al centro histórico de la ciudad como Patrimonio Cultural de la Humanidad.

La Ceiba testigo del histórico hecho resistió durante 234 años los embates periódicos de tormentas y fieros huracanes tropicales, hasta que en 1753 el Capitán General Francisco Cagigal de la Vega, cometió la herejía de sustituirla por un monumento pétreo en forma de columna triangular. Por supuesto, la ceiba ha tenido que ser reemplazada varias veces, y la que hoy veneramos tiene más de medio siglo de vida.

Una de las más arraigadas tradiciones habaneras "por el marcado sincretismo impuesto tras el encuentro entre las culturas españolas y africanas", consiste en girar tres veces alrededor de ese sagrado árbol en sentido contrario a las agujas del reloj, tocándolo, abrazándolo y hasta besándolo, pidiendo un deseo en cada vuelta, a partir de la medianoche del 15 de noviembre de cada año.

La ceiba es uno de los árboles sagrados para las religiones afrocubanas, y junto a su tronco, en cualquier localidad del país, aparecen ofrendas de dinero, plátanos y gallinas muertas. Y por supuesto, la que está en El Templete no es una excepción en lo religioso y místico. Pero tiene y encarna algo más, como una vez aclaró Don Fernando Ortiz:“representaba por sí misma y a virtud de la consagración que de ella se hizo, algo más que un hecho histórico”. “Creemos que la ceiba del Templete fue el emblema de la municipalidad de la villa de la Habana, y el más antiguo y permanente emblema de libertades ciudadanas que conservamos en Cuba. A esa ceiba debiera concurrir nuestro pueblo habanero en peregrinación, cada vez que sienta mermadas sus libertades”.

Como tradición viva, todos los habaneros que podemos la seguimos y la respetamos, como también hacen no pocos visitantes extranjeros, siempre con toda la fe posible, con satisfacción y el inmenso placer que nos reporta ser partícipes y continuadores de la historia de esta villa-ciudad que pronto cumplirá 492 años.

Detalles:
Dirección: calle Baratillo entre O’Reilly y Enna, Plaza de Armas,
Municipio Habana Vieja.


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