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Restos de la Muralla de la Habana

Restos de la Muralla de la Habana

Desde tiempos inmemoriales, rodear una ciudad o villa con gruesos y altos muros, se convirtió en un recurso defensivo muy utilizado. San Cristóbal de La Habana no fue una excepción, y la corona española, a partir de una fecha tan remota como 1558, y por los estragos que produjo el ataque del pirata galo Jacques de Sores, comenzó a evaluar la construcción de un cinturón protector para la urbe, como parte de todo un sistema integrado además,  por una serie de castillos fortificados.

Más de un siglo después, en 1674 comenzaron las obras de amurrallamiento, que concluyeron 123 años más tarde, en 1797 (aunque en esa fecha no todos los historiadores coinciden, pues hay quienes datan su terminación en 1740). Los muros de sillería tenían 10 metros de alto y 1.40 mts. de ancho; fueron custodiados por más de 3000 hombres así como por unas 180 piezas artilleras. Para facilitar el trasiego de vecinos y mercancías, las murallas estaban dotadas de 9 puertas que eran abiertas a las 4:30 AM y cerraban, primero a las 8:00 PM y después a las 9:00 PM, con el cañonazo de aviso, tradición vigente hasta la actualidad, y estos parapetos supuestamente protegían un total de aproximadamente 130 hectáreas.

Este cordón amurallado fue totalmente inoperante. Nunca fue asediado por ninguna fuerza atacante, pues en 1762 los astutos británicos, para ocupar la villa de San Cristóbal de La Habana, evadieron el perímetro de rocas, entrando a la ciudad por la entonces indefensa loma de la Cabaña.

Hoy quedan restos de La Muralla que usted puede visitar en la antigua calle de Egido, muy cerca de la Terminal Central de Ferrocarriles, también en Egido y Teniente Rey, y en la Avenida de las Misiones, en las cercanías del antiguo Palacio Presidencial.


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