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Bar Floridita

Bar Floridita

Hay hombres que hacen los lugares, que construyen su fama. En ellos dejan su impronta para la posteridad; así sucede con El Floridita, sitio del que no se puede hablar sin mencionar al catalán Constantino Ribalaigua Vert, y al escritor norteamericano Ernest Hemingway.

CConstante, como era conocido popularmente, más que cantinero o un bartender, era un mago, un alquimista pulcro y cuidadoso; comenzó a trabajar en este bar, que formaba parte de un restaurante regenteado por Lapont, un chef francés muy apreciado en La Habana de entonces, en los años de la I Guerra Mundial.

El catalán compra El Floridita unos pocos años después, en 1918, mientras seguía creciendo su merecida fama y la de ese amable local ubicado en la esquina de Obispo y Monserrate, muy céntrica y concurrida. Crónicas de la época señalan como uno de sus atractivos sus "puertas abiertas al paso libre del público, a la vista del tranvía que cruzaba con su graciosa campanilla".

Así se convierte en lugar obligado de parroquianos que transfiguran la barnizada barra en sitio de tertulia, al que acudían bien a “tomar la mañana” o “tomar la tarde”, y para conversar animadamente de lo humano y lo divino, mientras que "sobre el mostrador alternaban las fuentes de ostiones, camarones y langostinos, acreditando la rica fauna marina de nuestra plataforma insular, mientras lascas profundas de jamón, lomo, y quesos provocadores de la sed, cedían espacio a las aceitunas de más variada pinta y sabor", como apuntaba el cronista. Eran peñas o tertulias en las que participaban todo tipo de personas, de las más variadas profesiones u ocupaciones, y en las que se abordaban los más insospechados temas.

La amplia y perfecta coctelería del establecimiento, el trato exquisito y respetuoso de los cantineros y camareros fueron acrecentando su palmarés, hasta cruzar las fronteras nacionales: así se recoge en el libro de Joseph Hergersheimer, y en las páginas de periódicos franceses con el crédito de André Demasíen. En la década del 30 del pasado siglo, en 1932 desembarca en esta ciudad el otro gran personaje de esta historia: Ernest Hemingway. En una de sus desmesuradas caminatas descubre el sitio, su ambiente y sus cócteles, y desde entonces hizo suya la primera banqueta del bar. Y escribe maravillado: “La bebida no podía ser mejor, ni siquiera parecida, en ninguna parte del mundo.”
Hemingway y El Floridita, quedan a partir de ese momento, estrecha e indisolublemente ligados, como en un cóctel.

Allí se sentía como en su casa, por lo que llevó a compartir esa sensación especial a personalidades de la talla de los duques de Windsor, Gene Tunney, Jean Paul Sartre, Gary Cooper, Dominguín, Tennesse Williams, Charles Scribner, Spencer Tracy, Rocky Marciano, Ava Gardner, Samuel Eliot Morison, Buck Lanham, Herbert Mattews, entre muchos más. Su círculo de amigos, famosos o no eran, huéspedes de su esquina en el bar.

Todavía hoy se siente el espíritu de Constante en el recinto, ataviado con la máxima etiqueta gastronómica, con dominio total del escenario- bar, combinando con sabia y alquimia cada elemento, administrando el toque exacto de uno de los imprescindibles componentes de más de 150 cócteles: el jugo de limón, con frutas que él mismo cultivaba. No podían faltar el ron blanco y la irreemplazable azúcar, y en ocasiones se incorporaban también otras frutas tropicales como la toronja, la naranja, y la piña.

De los daiquiri que preparaba Constante escribió Hemingway: “Había bebido Daiquirí doble helado, los grandiosos que preparaba Constante, que no sabían a alcohol.” Si vista la capital cubana, no deje de acercarse a este lugar mágico, y allí comprobará lo que en su momento observó la revista norteamericana Esquire: "El bar El Floridita, en La Habana, es una institución de probidad, donde el espíritu del hombre puede ser elevado por la conversación y la compañía. Es una encrucijada internacional”.

Breve historia y receta del Daiquirí.

Daiquirí

Daiquirí

El cóctel daiquiri es un invento cubano, y tuvo su cuna en el poblado oriental de igual nombre durante la Guerra Hispano Cubano Norteamericana, en 1898, como un remedio para combatir la malaria que se generalizaba en la zona, sobre todo para estabilizar a los pacientes con fiebre.

Unos dicen que médicos, otros que ingenieros norteamericanos y otros vecinos de esa localidad tuvieron la ocurrencia de agregarle limón y azúcar al ron para volverlo mas aceptable al paladarde los enfermos, así como hielo de agua destilada, que machacaron junto con los demás ingredientes.

Receta original del daiquiri tradicional:

  • 2 onzas de ron cubano blanco (carta blanca)
  • 1 onza de jugo de limón
  • 1 cucharada grande de azúcar
  • Abundante hielo triturado

Todos los ingredientes en la licuadora son licuados bien hasta que el hielo parezca espuma.

Debe servirse en copa coctelera o martinera, y puede decorarse con una rodaja de limón, un twist, una espiral, etc.